1. Muchos adeptos de las religiones han practicado la magia egoísta, para obtener un provecho personal y material. Las iglesias creyeron que sus adeptos tenían relaciones frecuentes con el Demonio, cuyos súbditos se reconocían y se reunían, ciertas noches para celebrar los ritos del sábado o aquelarre.
2. Un historiador nos cuenta lo siguiente:
esta secta se componía de ciertas personas, hombres y mujeres, que al amparo de
la noche por influencia del Diablo se congregaban en algún lugar solitario,
entre los bosques y los desiertos, donde el Diablo aparecía bajo forma humana,
salvo el rostro invisible. Los asistentes se desnudaban, el Diablo leía un
libro de sus ordenanzas, luego distribuía algo de dinero. A continuación se
celebraba una comida espléndida que acababa en una prostitución general.
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